
A veces hay que detenerse un segundo, mirar desde arriba y respirar. No para parar, sino para entender mejor el lugar en el que estamos. Y para recordarnos que Chispa nació, simplemente, como una intuición.
Chispa nació como un lugar que hablara desde el fuego, que conectara Madrid con otras geografías que también llevamos dentro, y que, sobre todo, hiciera de cada servicio una conversación abierta con quienes se sientan a nuestra mesa.
Esta reflexión nos alcanza justo después de volver de Argentina, donde cocinamos en Mendoza y Buenos Aires. Volvimos distintos. Salir de casa, cruzar océanos, compartir cocinas… todo eso nos invita a preguntarnos qué queremos contar. Y en ese diálogo con lo otro, reforzamos algunas certezas.
La próxima parada será Londres, dentro de un restaurante nómada, casi clandestino, donde volveremos a cocinar con gente a la que admiramos. No es solo salir a cocinar: es aprender, mezclarse, escuchar.

Y mientras tanto, aquí, en Chueca, vivimos en pleno cambio de menú. Llegan cuatro platos nuevos. Uno con ostra y cerdo que ya nos tiene fascinados. Otro, dulce, hecho únicamente con calabacín —sí, solo calabacín— que empezó como una travesura y se está convirtiendo en una declaración de principios. Hace no tanto, un movimiento así nos habría quitado el sueño. Hoy lo vivimos con una inquietud serena. Con la certeza de que Chispa está justo donde soñamos, avanzando en la dirección que queremos.
Muy pronto, además, tendremos una novedad que nos hace especial ilusión: la ampliación del local con un salón privado para 16 comensales. Un nuevo espacio para explorar formatos distintos, más íntimos y creativos. Ultimamos los detalles, en la próxima edición de #LANEWS os lo contaremos a fondo.
Mientras tanto, seguimos. Con fuego. Con calma. Con hambre.
Un abrazo para todos.